FUNDACIÓN SyEi

Mi hijo siempre ha ido bien… ¿por qué este año han empezado las dificultades?

Cuando un niño, un adolescente o un estudiante universitario comienza a tener dificultades académicas, la mejor respuesta no suele ser buscar culpables, sino comprender qué está cambiando y cómo podemos acompañarle.

Introducción

Hay una frase que escuchamos con frecuencia cuando una familia llega por primera vez a nuestro centro:

«No entendemos qué ha pasado. Hasta ahora todo iba bien.»

Es una situación que genera muchas dudas e incluso sentimientos encontrados.

Durante años, el niño ha disfrutado del colegio, ha seguido el ritmo de la clase y ha aprendido con relativa facilidad. Sin embargo, de un curso para otro comienzan a aparecer dificultades inesperadas. Las notas bajan, los deberes requieren mucho más tiempo, aumenta la frustración y las conversaciones en casa giran cada vez más alrededor del estudio.

En la adolescencia, estos cambios pueden intensificarse. Algunos jóvenes muestran una pérdida progresiva de motivación, les cuesta organizarse o sienten que el esfuerzo realizado no se corresponde con los resultados obtenidos. En la universidad, muchos estudiantes viven por primera vez una sensación de saturación que puede afectar tanto al rendimiento como a su bienestar emocional.

Cuando esto ocurre, es comprensible que las familias busquen una explicación rápida.

¿Será falta de esfuerzo?

¿Será una cuestión de actitud?

¿Es simplemente la adolescencia?

Aunque estas preguntas son habituales, la realidad suele ser mucho más compleja.

El aprendizaje depende de la interacción de numerosos factores: el desarrollo cognitivo, las funciones ejecutivas, la organización, la gestión emocional, la calidad del descanso, la motivación, el entorno familiar y escolar o la forma en la que cada persona afronta nuevos retos.

Por eso, cuando aparecen cambios importantes en el rendimiento académico, el objetivo no debería ser buscar una etiqueta, sino comprender qué está ocurriendo.

Porque entender el origen de una dificultad es el primer paso para poder ayudar.

Aprender cambia a medida que crecemos

Muchas familias tienen la sensación de que las dificultades aparecen de un día para otro. Sin embargo, en la mayoría de los casos lo que cambia no es únicamente el niño o el adolescente, también cambian las exigencias que plantea cada etapa educativa.

En Educación Infantil, el aprendizaje se apoya principalmente en el juego, el movimiento, la curiosidad y la exploración.

En Primaria comienzan a adquirir un papel protagonista la lectura, la escritura, la atención sostenida y la capacidad para seguir rutinas cada vez más complejas.

Durante la Educación Secundaria aparecen nuevas demandas relacionadas con la planificación, la organización del tiempo, el razonamiento abstracto y la gestión simultánea de diferentes asignaturas.

En Bachillerato y en la Universidad, además del aumento del contenido académico, se espera que el estudiante sea capaz de trabajar con mayor autonomía, organizar su propio estudio, priorizar tareas y enfrentarse a evaluaciones que requieren una elevada capacidad de concentración durante largos periodos.

En otras palabras:

Cada etapa educativa exige nuevas habilidades.

Y es precisamente cuando aumentan esas exigencias cuando pueden hacerse visibles dificultades que hasta ese momento habían pasado desapercibidas.

Cambiar de etapa educativa no significa empezar de cero.

Significa enfrentarse a nuevos desafíos que requieren habilidades diferentes.

Por eso, una dificultad que no era evidente en Primaria puede comenzar a manifestarse en Secundaria, Bachillerato o incluso durante los primeros cursos universitarios.

Diferentes etapas del aprendizaje: un niño de Primaria, un adolescente y un estudiante universitario realizando actividades de estudio.

No siempre es una cuestión de esfuerzo

Cuando un estudiante empieza a tener dificultades, es frecuente escuchar comentarios como:

«Si quisiera, podría.»

«Antes estudiaba mucho más.»

«Se distrae porque no pone interés.»

Aunque en algunos casos la falta de motivación puede influir, reducir toda la situación a una cuestión de esfuerzo puede hacer que pasemos por alto otros factores importantes. El rendimiento académico depende del funcionamiento conjunto de numerosos procesos.

Dormir poco, vivir un periodo de estrés, experimentar ansiedad, tener dificultades para organizar el tiempo, afrontar cambios emocionales propios de la adolescencia o presentar necesidades específicas relacionadas con el aprendizaje pueden influir de forma significativa en el día a día de un estudiante.

En ocasiones, incluso los alumnos con mayor capacidad intelectual pueden sentirse desbordados cuando las demandas aumentan y las estrategias que antes les funcionaban dejan de ser suficientes. Por eso, cuando una familia percibe un cambio importante, conviene detenerse y observar el conjunto antes de sacar conclusiones precipitadas.

Comprender qué está ocurriendo permite ofrecer respuestas mucho más ajustadas a las necesidades de cada persona.

Las funciones ejecutivas: el "director de orquesta" del aprendizaje

Imaginemos por un momento una orquesta sin director: cada músico conoce su instrumento y sabe interpretar la partitura. Sin embargo, si cada uno empieza a tocar a un ritmo diferente, el resultado difícilmente será armonioso.

Algo parecido ocurre en nuestro cerebro: para aprender no basta con tener capacidad intelectual, buena memoria o conocimientos previos. También necesitamos un conjunto de habilidades que nos permitan organizar toda esa información, tomar decisiones, adaptarnos a los cambios y mantener la atención en aquello que es importante.

A estas habilidades las conocemos como funciones ejecutivas:

Podemos imaginarlas como el «director de orquesta» que coordina todos los procesos necesarios para aprender y desenvolverse en la vida diaria. Cuando estas funciones trabajan de manera eficaz, resulta más sencillo organizar una tarea, planificar el estudio, controlar los impulsos o resolver un problema. Cuando necesitan apoyo, incluso estudiantes con un gran potencial pueden sentirse desbordados ante las exigencias del colegio, del instituto o de la universidad.

Planificar antes de actuar

Planificar significa anticipar lo que necesitamos hacer para alcanzar un objetivo. Por ejemplo, preparar una mochila para el día siguiente, organizar el tiempo de estudio antes de un examen o dividir un trabajo largo en pequeñas tareas.

Muchos niños y adolescentes no tienen dificultades para comprender los contenidos, pero sí para decidir por dónde empezar o cómo distribuir el tiempo disponible. Como consecuencia, dejan las tareas para el último momento, olvidan materiales importantes o sienten que «no les da tiempo a todo».

No se trata necesariamente de desinterés o de falta de responsabilidad. En muchas ocasiones, todavía están desarrollando estas capacidades y pueden beneficiarse de estrategias que les ayuden a organizarse mejor.

Mantener la información en la mente

Cuando un profesor explica un problema matemático, dicta una frase o da varias instrucciones seguidas, el alumno necesita conservar esa información durante unos segundos para poder utilizarla.

Esta capacidad recibe el nombre de memoria de trabajo:

Gracias a ella podemos recordar qué estábamos haciendo, seguir los pasos de una tarea o relacionar una idea nueva con otra que ya conocíamos. Cuando esta función se sobrecarga, el estudiante puede tener la sensación de que «se le olvidan las cosas enseguida», aunque en realidad el problema no sea la memoria a largo plazo, sino la dificultad para manejar varias informaciones al mismo tiempo.

Adaptarse cuando las cosas cambian

Aprender también implica cambiar de estrategia cuando una solución deja de funcionar. Esta habilidad, conocida como flexibilidad cognitiva, permite adaptarse a nuevas situaciones, aceptar errores como parte del aprendizaje y buscar alternativas cuando aparece una dificultad.

Algunos niños se sienten muy incómodos cuando cambian las rutinas, mientras que otros necesitan más tiempo para adaptarse a nuevas formas de trabajar. Comprender estas diferencias ayuda a acompañar mejor cada proceso de aprendizaje.

Pensar antes de actuar

Otra función ejecutiva fundamental es el control inhibitorio, es decir, la capacidad para detener una respuesta impulsiva y elegir la conducta más adecuada en cada situación (esperar el turno para hablar, revisar un examen antes de entregarlo o terminar una tarea antes de levantarse son ejemplos cotidianos de esta capacidad).

No siempre resulta sencillo, especialmente durante la infancia y la adolescencia, etapas en las que estas funciones continúan desarrollándose.

Adolescente organizando su agenda y planificando el estudio para mejorar su organización y autonomía.

Cuando el problema no es aprender, sino gestionar todo lo que aprender exige

Uno de los cambios más importantes que se producen a medida que avanzan las etapas educativas es que el aprendizaje deja de depender únicamente de comprender los contenidos.

Cada vez adquieren mayor importancia otras habilidades, como organizar el tiempo, priorizar tareas, preparar exámenes con antelación, gestionar la presión o mantener el equilibrio entre la vida académica y personal. Por eso, algunos estudiantes que habían obtenido buenos resultados durante años comienzan a experimentar dificultades cuando llegan a cursos con mayor carga de trabajo.

No es que hayan perdido su capacidad para aprender. En muchas ocasiones, simplemente necesitan desarrollar nuevas herramientas para afrontar unas exigencias diferentes.

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¿Cuándo conviene solicitar una valoración?

No existe un momento perfecto para consultar. Tampoco es necesario esperar a que aparezcan suspensos o a que las dificultades sean muy evidentes.

Con frecuencia, las familias perciben pequeños cambios mucho antes de que estos se reflejen en las notas: un niño que tarda cada vez más en hacer los deberes, un adolescente que evita estudiar una asignatura que antes le gustaba o un estudiante universitario que, pese a dedicar muchas horas al estudio, siente que no consigue avanzar.

Escuchar esas primeras señales y darles la importancia adecuada puede ayudar a comprender la situación antes de que aparezcan sentimientos de frustración, desmotivación o pérdida de confianza.

Más que buscar un diagnóstico inmediato, una valoración pretende responder a una pregunta mucho más útil:

¿Qué necesita esta persona para aprender y desarrollarse en las mejores condiciones posibles?

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El valor de una mirada interdisciplinar

Cada persona aprende de una forma diferente. Por eso, cuando aparece una dificultad, no siempre existe una única explicación ni una única respuesta.

En SYEI entendemos que la mejor manera de acompañar a una persona consiste en observar el conjunto de factores que pueden estar influyendo en su bienestar y en su aprendizaje.

Dependiendo de cada situación, una valoración puede integrar la visión de diferentes profesionales:

  • Psicología. 
  • Psicopedagogía. 
  • Logopedia. 
  • Terapia Ocupacional. 
  • Fisioterapia. 
  • Integración del Movimiento. 
  • Terapia Visual (cuando está indicado). 
  • Rehabilitación Visual en personas con daño cerebral adquirido. 
  • Estimulación Cognitiva para adultos. 
  • Reeducación Auditiva. 
  • Método Padovan®, especialmente en bebés y niños pequeños cuando la valoración lo aconseja. 

El objetivo no es acumular intervenciones.

El objetivo es comprender mejor a la persona para ofrecer una respuesta coordinada, personalizada y respetuosa con sus necesidades.

Profesionales de diferentes disciplinas compartiendo información para ofrecer una atención integral y personalizada.

El papel de la familia y del entorno educativo

El aprendizaje no ocurre únicamente en el colegio.

La familia, los docentes y los profesionales forman parte de un mismo proceso de acompañamiento.

Cuando existe una comunicación fluida entre todos ellos, resulta más sencillo comprender las fortalezas del estudiante, detectar las dificultades que aparecen en diferentes contextos y establecer objetivos compartidos.

Por eso, en muchas ocasiones, pequeñas adaptaciones en la organización del estudio, en la forma de comunicarse o en las rutinas diarias pueden contribuir a reducir el estrés y favorecer un aprendizaje más eficaz.

Cada niño, adolescente o adulto necesita sentirse comprendido antes que evaluado, y esa comprensión comienza escuchando su experiencia.

Preguntas frecuentes

¿Es normal que un niño que siempre obtenía buenos resultados empiece a tener dificultades?

Sí, puede ocurrir.

Cada etapa educativa plantea nuevas exigencias. En algunos casos, estas demandas ponen de manifiesto necesidades que hasta ese momento habían pasado desapercibidas.

¿Debemos esperar a las notas para consultar?

No necesariamente.

En muchas ocasiones, las primeras señales aparecen antes: aumento del tiempo dedicado a los deberes, frustración, pérdida de motivación, olvidos frecuentes o dificultades para organizarse.

Consultar de forma temprana puede ayudar a comprender mejor la situación.

¿La adolescencia explica todos los cambios en el rendimiento?

La adolescencia implica importantes cambios físicos, emocionales y sociales que pueden influir en el aprendizaje. Sin embargo, no conviene atribuir automáticamente cualquier dificultad a esta etapa sin valorar el conjunto de factores que pueden estar interviniendo.

¿Un estudiante universitario también puede beneficiarse de una valoración?

Sí.

La universidad supone un aumento considerable de la autonomía, de la carga de trabajo y de las exigencias organizativas.

Cuando aparecen dificultades persistentes para planificar el estudio, mantener la concentración o gestionar el estrés académico, una valoración puede ayudar a identificar necesidades y orientar estrategias de apoyo.

¿Todas las dificultades de lectura significan dislexia?

No.

En algunos casos, la mejor recomendación consiste en ofrecer pautas a la familia, proponer cambios en las rutinas o realizar un seguimiento evolutivo.

Cada decisión debe basarse en las necesidades concretas de la persona.

La mirada SYEI

En Salud y Educación Integrales creemos que detrás de cada dificultad hay una historia que merece ser escuchada.

No vemos únicamente un síntoma, una asignatura o una nota, vemos a una persona con fortalezas, capacidades, emociones y proyectos de futuro.

Por eso trabajamos desde una perspectiva interdisciplinar, convencidos de que comprender es el primer paso para acompañar.

Nuestra labor clínica se complementa con el compromiso social de la Fundación SYEI, cuyo lema resume una parte esencial de nuestra forma de entender la atención:

«Que nadie se quede sin tratamiento por falta de recursos.»

Creemos que la salud, la educación y el bienestar deben estar al alcance de todas las personas, con independencia de su situación personal o económica.

Conclusión

Las dificultades escolares no siempre aparecen porque una persona haya dejado de esforzarse.

Con frecuencia son la consecuencia de nuevas exigencias, cambios evolutivos o necesidades que hasta ese momento habían pasado desapercibidas.

Escuchar, observar y comprender antes de sacar conclusiones permite ofrecer un acompañamiento más respetuoso y eficaz.

Cada niño, cada adolescente y cada adulto aprende de una manera diferente.

Y cada uno merece disponer de los apoyos necesarios para desarrollar todo su potencial.

Porque aprender no consiste únicamente en adquirir conocimientos.

También significa crecer, descubrir las propias capacidades y avanzar con confianza.

¿Quieres saber más?

Si has observado cambios en el rendimiento académico de tu hijo, de un adolescente o incluso en tu propio proceso de aprendizaje, una conversación puede ser el primer paso para comprender qué está ocurriendo.

En SYEI estaremos encantados de escucharte, resolver tus dudas y orientarte sobre las opciones más adecuadas en función de cada situación.

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