“Dice la tutora que apoya la cabeza en su mano, se recuesta encima de la mesa y bosteza… Bueno, que bosteza sin parar. Que parece dar alguna cabezada, incluso. Y cuando tiene un “buen” día lo pasa ensimismado mirando por la ventana. Al comienzo de curso, insistía en despertarle, le llamaba la atención, hasta que se hartó de ella. Ya no reacciona a nada… Yo no puedo más, lo he intentado todo. Mi hijo, está desafiante y se aburre en clase.”
Etimológicamente, aburrir proviene de la palabra latina abhorrere, que significa “tener aversión a algo”. Aversión es sinónimo de rechazo y, ante el rechazo, surgen el cansancio, hastío y la desidia, que experimentan tantos niños y adolescentes en las aulas.
Cuando la madre de Guille le contó en la primera visita a Elena esta situación, se veía en sus ojos y se percibía en su voz, lo difícil que estaba siendo a todos los niveles y para todos los miembros de la familia, sobrellevar el curso.
“Ana, nos ponemos con ello. En Syei, sólo necesitamos tu confianza”.
Ese mismo día el equipo comenzó a valorar la situación, compartiendo e integrando miradas para encontrar la mejor manera de ayudar a Guille y a su familia.
Y, antes de conocer con más detalle y de hacer la valoración integral que habíamos acordado con la familia…
Álvaro le ponía voz a la mirada de los fisioterapeutas: “tendremos que ver si la tensión dural, tensión en el crecimiento de la médula, es responsable de que se siente en el borde de la silla. Porque puede parecer que se aburra en clase cuando realmente lo que está sucediendo es que todo su sistema atencional, está pendiente de conservar esa postura”.
Gloria e Irene se planteaban si, dado que la visión a partir de los 6 años es el sentido predominante con el que procesamos la mayor parte de la información, existiera alguna dificultad en el desarrollo de la fijación, eficacia visual, los movimientos oculares, visión 3D, o la oculomotricidad que pudieran estar interfiriendo e impactando negativamente en el proceso de aprendizaje y ser las responsables de sus dificultades atencionales. Daría igual la materia, todo pasa por los ojos. La visión en sí misma no causa una dificultad de aprendizaje, pero sí genera problemas de rendimiento escolar, hay mucha comorbilidad con las dificultades de aprendizaje y problemas visuales.
Elena, Judith y Paloma instaban al equipo a presentar a Guille como un adolescente cuyas dificultades atencionales se explicasen tanto por aspectos cognitivos como por aspectos sociales o afectivos. Advertían de que esta situación le estuviese generando tanta ansiedad o culpabilidad que alterase las relaciones con maestros y con sus padres. En definitiva, que todo ello pudiera provocar más ansiedad, irritabilidad y rechazo hacia el estudio o bien una actitud pasiva con sensación de impotencia y desmotivación. Y Marina, añadía que quizá la actitud de Guille estuviese siendo un claro mensaje que hablase de los fallos en la metodología pedagógica y de la necesidad de acompañar a la familia y a los educadores.
Javier, que tomaba notas atentamente, recordaba que Syei debía integrar esas miradas para poner al servicio de los demás los conocimientos de todos sabiendo que el bienestar de una sociedad se apoya en el cuidado de todos sus miembros. Y María, terminaba la sesión emocionada porque, una vez más, entre todos, se había cumplido la misión de Syei: la de ayudar a la persona sufriente a encontrar su voz, para alcanzar un desarrollo pleno que le permita desplegar todo su potencial. Y concluía… “Ya estamos preparados, voy a citar a la familia para la sesión de evaluación”.