FUNDACIÓN SyEi

El potencial sanador, empoderándose para sanar

La capacidad que tiene una persona de escuchar, reconocer, interpretar y actuar sobre su propio cuerpo (entendido como conjunto físico, mental, emocional y espiritual) es un gran poder, y las herramientas que requiere para ello pueden ser propias o pueden venir de la mano de alguien que las estudie y las practique para enseñárselas.

Somos seres dinámicos, en constante movimiento y cambio. Nuestras células y la bioquímica que circula en ellas es una orquesta perfectamente dirigida por nuestro núcleo vital. Como si un director fuera calibrando a cada segundo los estímulos externos e internos y los fuera haciendo funcionar con el ritmo más perfecto. Desde etapas tempranas de la gestación y con la formación inicial del sistema nervioso, es muy llamativa la cantidad de información que ya recorre al individuo. Sin duda fascinante como vamos creciendo y nos pasamos, con suerte, la vida tratando de conocernos mejor para poder vivir una vida plena y consciente.

En muchos momentos de esa vida vivida puede surgir el desequilibrio, llamado enfermedad. La enfermedad se presenta en el individuo que trata de equilibrar un sistema y que en ese momento precisa de más herramientas de las que posee y, con dicha enfermedad se abre un mundo de posibilidades para conseguirlas. ¿Podemos decir entonces que la enfermedad puede ser una oportunidad? Por supuesto. Un reto y un gran aprendizaje casi siempre.

Es fundamental aceptar los procesos de salud, que son en primer lugar responsabilidad y proceso activo del individuo. Somos muchos los profesionales que nos entrenamos para acompañar y caminar en el proceso. Pero sin duda, la clave es conseguir acompañar al enfermo con su enfermedad o me gusta más expresarlo como: empoderar al individuo con su dinámica vital, para que conozca y utilice su potencial sanador, su núcleo vital desde donde encuentre nuevos caminos de equilibrio dándole la responsabilidad que le es innata, la de cuidar de sí mismo.

En este proceso, es además de gran importancia que la mirada del profesional sea de escucha, sin tener que jugar un papel ni aplicar un poder. Una posición que también es muy liberadora y mucho más real. Poner en manos del enfermo los conocimientos para que sea él mismo el que actúe sobre su camino de enfermedad y restauración de su equilibrio de salud. Podría ser esta una primera aproximación a una salud integral, responsable y cooperativa.

María Palop Otaegui

Médico de Urgencias y Medicina Integrativa. Donostia – San Sebastián

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